De la retórica clásica al texto
argumentativo digital, desde el ámbito educativo
From
classical rhetoric to digital argumentative text, from the educational field
Recibido: 19/03/2026 | Aceptado: 01/09/2026 | Publicado: 22/09/2026
Miryam Catalina Arias Mollocana 1*
Isabel León Martínez 2,
Lisle Padrón Echeverria 3
1* Unidad
Educativa Luis Fernando Ruiz. Salcedo, Ecuador.
miryamcatalinaarias@hotmail.es
ID ORCID https://orcid.org/0000-0003-3096-0240
2 Universidad
de Ciencias Pedagógicas Enrique Varona. La Habana, Cuba. isabelml2961@gmail.com ID ORCID https://orcid.org/0000-0001-5823-7105
3 Universidad
de Ciencias Pedagógicas Enrique Varona. La Habana, Cuba. lisletien@yahoo.es ID ORCID http://orcid.org/0000-0002-7713-9196
Resumen:
Este artículo de revisión bibliográfica
analiza el devenir histórico del texto argumentativo, desde la retórica clásica
hasta la contemporaneidad en los entornos digitales, con el propósito de
explicar sus transformaciones teóricas y sus implicaciones en las prácticas
educativas actuales. Parte de una concepción de la escritura centrada en el
discurso argumentativo como tipología textual persuasiva. Se aborda el texto
argumentativo a partir de sus características y estructura;
se identifican sus antecedentes en la Grecia clásica, posteriormente se
analizan las transformaciones de la argumentación durante las distintas épocas
históricas, así como su función social que se reconfigura según los contextos
históricos. En el siglo XX, se subraya su revalorización mediante la Nueva
Retórica. Finalmente, el texto examina los desafíos de la argumentación en el
siglo XXI, marcado por la multimodalidad, la brevedad y el impacto de las
tecnologías digitales y la inteligencia artificial, especialmente en el ámbito
educativo, donde se enfoca la necesidad de una mediación pedagógica crítica y
consciente. Para el desarrollo de la revisión bibliográfica se utilizaron
métodos teóricos: el histórico-lógico, de análisis y síntesis y el
inductivo-deductivo. Los resultados obtenidos aportan a la nueva concepción del
texto argumentativo en la contemporaneidad, se reconoce los desafíos que
implica su producción en contextos educativos y el rol que debe cumplir docente
como mediador en el desarrollo de estas prácticas discursivas, para que el
texto argumentativo cumpla su función social, crítica y contextualizada con la
que fue creado.
Palabras
clave: texto argumentativo; retórica; entornos digitales,
práctica discursiva; multimodalidad
Abstrac
This
literature review article analyzes the historical development of argumentative
texts, from classical rhetoric to contemporary digital environments, with the
aim of explaining their theoretical transformations and assessing their
implications for current educational practices. It begins with a conception of
writing centered on argumentative discourse as a persuasive text type. The
article examines argumentative texts based on their characteristics and
structure; it identifies their antecedents in classical Greece, and then
analyzes the transformations of argumentation throughout different historical
periods, as well as its social function, which is reconfigured according to
historical contexts. In the 20th century, its revaluation through New Rhetoric
is highlighted. Finally, the text examines the challenges of argumentation in
the 21st century, marked by multimodality, brevity, and the impact of digital
technologies and artificial intelligence, especially in the educational field,
where the need for critical and conscious pedagogical mediation is emphasized.
The following theoretical methods were used for the literature review:
historical-logical, analytical and synthetic, and inductive-deductive. The
results obtained contribute to a new understanding of argumentative texts in
contemporary times, recognizing the challenges involved in their production in
educational contexts and the role of the teacher as a mediator in the
development of these discursive practices, so that argumentative texts fulfill
their intended social, critical, and contextualized function.
Keywords: Argumentative text; rhetoric;
digital environments; discursive
practice; multimodality
Introducción
La escritura
constituye, sin duda, una de las invenciones más complejas y
trascendentes de la humanidad; su desarrollo es el resultado de una actividad
comunicativa altamente elaborada, en la que se integran habilidades procedentes
de diversos dominios cognitivos, sociales y culturales. A lo largo de la
historia, la escritura ha respondido a necesidades comunicativas específicas y
se ha adaptado a múltiples formatos y contextos discursivos. En sus orígenes
estuvo destinada a grupos privilegiados y, con el tiempo ha experimentado
transformaciones significativas en sus soportes materiales, desde el papel
hasta los formatos digitales, cada una con exigencias particulares, en cuanto a
estructura, organización y dominio de las propiedades textuales. En la
actualidad, la producción de una amplia variedad de textos, tanto en soportes
físicos como digitales, se requiere del desarrollo de una competencia
comunicativa sólida para afrontar los desafíos contemporáneos y garantizar
procesos de comunicación efectiva.
Existen
diferentes criterios de clasificación de textos. Al respecto Domínguez (2024)
en un estudio reciente amplía las tipologías tradicionales al considerar
aspectos como la intención comunicativa y los modelos estructurales. Incorpora
los textos multimodales y los textos metalingüísticos, necesarios por las
variadas formas discursivas, relacionadas con los nuevos formatos digitales.
Domínguez
(2024) señala que, según el código empleado, lo textos pueden ser orales, utilizan la palabra hablada y se
acompañan de elementos no verbales; escritos,
producidos mediante el código escrito, ya sea en soporte digital como físico; icónicos o simbólicos, entendidos como
representaciones de la realidad, construidos mediante íconos o símbolos
convenidos; multimodales, que emplean
multiplicidad de códigos al combinar el sonido y el movimiento.
De acuerdo
con su forma elocutiva, los textos se clasifican en: dialogados, que permiten una comunicación inmediata, espontánea y
abreviada, se valen de los elementos paralingüísticos para completar la
información verbal; narrativos, se
desarrollan acciones para contar historias de personajes, por lo que la
información se desarrolla en un tiempo determinado. También están los
descriptivos, cuyo propósito es presentar la información a través de detalles
que permiten caracterizar objetos y fenómenos de la realidad; expositivos, cuya línea de composición
es progresiva y consecutiva, y cuyo objetivo es transmitir conocimientos, ideas
o información con fines explicativos, ilustrativos o informativos.
Los textos argumentativos, que se centran en la
defensa o refutación de una tesis mediante la presentación de razones; permiten
adoptar y comunicar una postura con el fin de influir en el receptor. En tal
sentido esta tipología reviste especial importancia en el ámbito educativo,
debido a que su objetivo es de persuadir a una audiencia. De ahí que constituya
el foco principal de esta investigación.
Es necesario
aclarar la estrecha relación entre el texto argumentativo y la retórica
clásica, conocido como el arte de la persuasión. Desde esta perspectiva
clasificatoria, el texto argumentativo se manifiesta en géneros como el ensayo
y textos periodísticos, mientras la retórica se divide en deliberativo,
judicial y apodíctico. Por esta razón el término retórica es fundamental para
el desarrollo de esta investigación.
Diversos
autores, como Muñoz y Musci (2013), Perelman (2019),
Caro y Amo Sánchez (2023 y Cruz y Villadiego (2024) coinciden en señalar que la
argumentación tiene como fin primordial la persuasión y es parte integral de la
comunicación humana en general, no de una práctica exclusiva de especialistas.
Por su parte; Deditius (2020) resalta que los temas abordados mediante el
discurso y los textos argumentativos escritos están estrechamente relacionados
con los problemas sociales y personales del ser humano.
Los autores
se refieren al término argumentación como sinónimo del texto argumentativo,
señalan que su propósito fundamental es persuadir a una audiencia mediante la
presentación de razones y evidencias. En este sentido, se asume este criterio,
por lo que en adelante se usará el término texto argumentativo para referirse a
esta modalidad discursiva.
A partir de
esta revisión bibliográfica se determina que el texto argumentativo es un acto
comunicativo complejo, se presenta de manera oral o escrita una tesis que es
defendida con argumentos y contraargumentos de manera razonada y respaldada con
hechos, datos y evidencias; tienen el objetivo de convencer a una audiencia que
posee un conocimiento sobre determinado tema. Este tipo de texto resulta
fundamental tanto para la interacción social como para diversos entornos.
La escritura
en general y la de textos argumentativos en particular, involucra procesos
psicológicos, afectivos, sociales; además de funciones cognitivas como la
percepción, la atención, la memoria. No obstante, el texto argumentativo
incluye otras características adicionales, como su componente estructural
(tesis, argumentos y conclusión) y la relación dialógica entre el emisor y el
receptor; así como la contra argumentación, lo que eleva su complejidad y
requiere del cumplimiento de esta secuencia en el proceso de escritura.
A pesar de
que numerosos autores han estudiado el texto argumentativo, desde diversas
perspectivas. Sin embargo, poco se ha abordado sobre su devenir histórico, lo
que es relevante para su comprensión integral. Conocer sus orígenes permite
comprender, valorar y mejorar su función comunicativa dentro de las prácticas
discursivas contemporáneas.
En este sentido
este artículo de revisión bibliográfica tiene como objetivo analizar el devenir
histórico del texto argumentativo, desde la retórica clásica hasta la
contemporaneidad en los entornos digitales, para explicar sus transformaciones
teóricas y valorar sus implicaciones en las prácticas educativas actuales
El análisis
abarca desde el periodo anterior a Aristóteles, pasando por la Antigüedad
clásica, la Edad Media, el Renacimiento y los siglos XVII, XVIII, XIX, XX, hasta
llegar al siglo XXI. En este último periodo se busca
examinar la manera en que se concibe el texto argumentativo en la actualidad,
así como los desafíos que implica su producción de textos argumentativos en
contextos educativos. Se da cumplimiento a nuestro objetivo de explicar sus
transformaciones teóricas y sus implicaciones en las prácticas educativas
actuales; asimismo se reflexiona sobre el rol del docente como
mediador en el desarrollo de estas prácticas discursivas con el propósito de
garantizar que el texto argumentativo cumpla su función social, crítica y
contextualizada.
Materiales y métodos
Se realizó una revisión bibliográfica de tipo histórico-teórico.
El diseño corresponde a un estudio cualitativo documental. Estrategia de
búsqueda: se consultaron las bases de datos (Scopus, Dialnet, Google Scholar),
utilizando las palabras clave: texto argumentativo; retórica; entornos digitales, práctica discursiva;
multimodalidad. Se incluyeron publicaciones en español entre 2000-2026,
priorizando los últimos cinco años (2021-2026). Se consideraron como criterios
de inclusión: artículos de revistas indexadas, capítulos de libros, tesis
doctorales y obras clásicas de referencia. Se excluyeron resúmenes de congresos
sin texto completo y publicaciones sin revisión por pares, la búsqueda inicial
arrojó 50 documentos; tras la aplicación de criterios, se seleccionaron 22
fuentes.
Métodos
teóricos
Histórico-lógico: para analizar la evolución del
texto argumentativo desde la retórica clásica hasta los entornos digitales,
identificando los principales hitos y transformaciones conceptuales.
Análisis-síntesis: para descomponer cada periodo
histórico y luego integrar los elementos esenciales.
Inductivo-deductivo: para abordar la teoría de lo
general a lo particular y viceversa, permitiendo reconocer la función social
original del texto argumentativo, los desafíos actuales y el rol docente.
Procedimiento: se realizó una lectura crítica y
el fichaje de cada fuente, organizando la información en periodos históricos.
Luego se procedió a la redacción cronológica y a la discusión comparada. Así mismo permitió arribar a las conclusiones
sustentadas en una visión global y coherente del objeto de investigación.
Resultados y discusión
El texto argumentativo en la retórica prearistotélico
Según López (2018) Aristóteles
señala que Córax y su discípulo Tisias fueron los primeros en componer en el
segundo cuarto del siglo V. a.J.C., un tratado titulado Arte de los discursos persuasivos. Gómez (2005), Risco (2015) y
Cruz (2022) coinciden con esta afirmación, aunque ofrecen una explicación mucho
más detallada, señalando que dicha obra consistía en un manual que reunía un
conjunto de técnicas argumentativo-retóricas orientadas al desempeño eficaz en
el contexto público de los tribunales. Gómez (2005), Risco (2015), como López
(2018) y Cruz (2022) sostienen que la retórica surgió en Sicilia de Siracusa,
como respuesta a una necesidad jurídica. En ese momento histórico en que las
propiedades de muchos terratenientes habían sido expropiadas, tras un cambio de
gobierno. Al no disponer de documentos que acrediten la veracidad de sus
reclamos, debían demostrar la legitimidad de sus posesiones mediante argumentos
persuasivos. López (2018) sin embargo, resalta que la retórica nace en una
cultura eminentemente oral y en un contexto de ejercicio político donde
prevalecía la libertad de la palabra.
En este escenario Córax y Tisias
desempeñaron un papel fundamental como logógrafos, es decir, compositores de
discursos para litigantes, actividad por la cual eran remunerados. La
estructura de sus discursos incluía el exordio, destinado a captar la atención
del auditorio; la exposición de la tesis; la discusión, en la que se exponía
los argumentos necesarios; y la peroración, con la que concluía el discurso. Se
puede afirmar entonces que la argumentación nace en la práctica social,
vinculado al ejercicio democrático y a la defensa del derecho a la propiedad
privada.
Risco (2015), señala que
Aristóteles no fue el único en aludir a la obra de Córax y Tisias; Cicerón y
Quintiliano también reconocieron la importancia de ambos autores. Cicerón, en
particular, subraya que nadie antes de ellos había establecido una técnica y un
método sistemático para litigar.
Cruz (2022) y López (2018)
coinciden que, aunque los primeros manuales de la retórica aparecieron en
Siracusa, pronto se difundieron por Atenas. Las relaciones comerciales entre
ambas ciudades hicieron que se conocieran los manuales retóricos de Córax y
Tisias.
En este contexto los sofistas,
maestros que se encargaban de enseñar a los ciudadanos atenienses en el camino
del reconocimiento social y éxito político dentro de la poli, se convirtieron
en herederos del arte retórico de los siracusanos. Es en Atenas donde adquiere
la retórica una mayor incidencia en la vida pública. López (2018) aclara que
este traslado de la retórica ocurre en un momento de efervescencia cultural y
filosófica.
Los sofistas, entre ellos
Protágoras y Gorgias, establecieron escuelas para la enseñanza retórica,
algunas cobraban sumas elevadas de dinero, convirtiéndose en negocios muy
lucrativos. En un inicio, Gorgias afirmaba en un diálogo platónico que el
objeto de la retórica es el discurso, pero no se sintió capaz de sostener esta
afirmación y buscó delimitar la especificidad del discurso retórico. Tanto
Protágoras cómo Gorgias privilegiaban la retórica orientada a encantar el alma
mediante la poética, más que persuadir mediante la claridad de ideas.
Los excesos cometidos por estos y
otros sofistas, contribuyeron a que tanto a la retórica como al término sofista
adquirieran una connotación peyorativa. En esta línea Cruz (2022) menciona que
Platón calificó la retórica como una práctica inmoral y despiadada, denunciando
que los sofistas vendían a cambio de dinero, trucos y técnicas que consideraba
antiéticas, pues para él la verdadera persuasión solo podían fundarse en la
verdad y no el ornato del discurso.
Según Risco (2015) citando a
Plantin, los aportes más significativos de este periodo son los siguientes: la antifonía, entendida como la
práctica sistemática de contraponer discursos, lo que implica que todo
argumento puede invertirse y que a cada discurso le corresponde un contradiscurso,
generando una visión alternativa de la realidad. Asimismo, se destaca la
legitimación y la posibilidad de la contrargumentación. A ello se suma la dialéctica, que se desarrolla en el
marco del diálogo razonado, siguiendo reglas precisas, en el cual se presentan
argumentos y contraargumentos, cuyo valor se evalúa en función de su veracidad
y fuerza persuasiva. Finalmente, la
paradoja que consiste emplear expresiones o frases aparentemente
contradictorias; Plantin indica que la virtud de la paradoja consiste en hacer
evidente una autonomía que desafía al sentido común.
En este periodo fundacional
del texto argumentativo, resulta imprescindible reconocer el aporte de Córax y
Tisias, quienes desarrollaron un manual de técnicas argumentativas y sentaron
bases de principios claves como la dialéctica, la antifonía y la paradoja. Su
contribución fue decisiva para que luego grandes filósofos como Aristóteles
sentaran las bases del texto argumentativo Lo más relevante de los aportes de
Córax y Tisis es que, aunque el texto argumentativo se originó en el ámbito
jurídico, sus principios se extendieron a las diversas áreas del conocimiento
como la filosofía, la lingüística, la literatura, entre otras. En la actualidad
la construcción de contrargumentos sigue siendo una de las herramientas
fundamentales en la elaboración de textos argumentativos como los debates,
ensayos argumentativos y la disputa de ideas.
El texto argumentativo en la retórica aristotélica
Cruz (2022) menciona que tras los
manuales de Córax y Tisias y la enseñanza de la retórica de los sofistas,
aparece la Retórica de Aristóteles, considerado el primer tratado filosófico
que sistematiza de forma completa el arte de la persuasión; por su parte, López
(2018) afirma que Aristóteles conocía perfectamente los tratados de los
predecesores, de hecho, los tenía presentes a la hora de redactar su obra.
Aristóteles fundó una escuela de retórica cuando aún era alumno en la Academia de
Platón. De acuerdo a Hernández y García, citados por Cruz (2022) el texto aristotélico
es la colección de apuntes de clase elaborados y publicados por sus alumnos
después de la muerte de Aristóteles.
Reygadas y Haidar (2001),
Perelman y Olbrechs-tyteca (1989) coinciden en reconocer a Aristóteles como el pionero en la
formulación de una concepción sistemática de argumentación. Gómez (2005)
corrobora que Aristóteles concibe y defiende la argumentación conforme a su
finalidad originaria: la persuasión y las necesidades sociales del momento
histórico.
Cruz (2022) precisa que Aristóteles define la
retórica como la facultad de considerar, en cada caso, lo que puede ser
convincente, ya que esta no pertenece a ninguna disciplina específica. En este
sentido, se define que la retórica es el arte de determinar lo que sirve para
persuadir sobre cualquier asunto, diferenciado de la concepción platónica que
la concebía como una técnica moral en sí misma. Para Aristóteles, la retórica, no solo tenía el
objetivo de persuadir, sino además el de evaluar la adecuación de los textos
argumentos para lograr la persuasión en cada caso en particular. La eficacia de
la persuasión dependía de la evaluación cuidadosa de los argumentos y de su
adaptación precisa a cada situación específica. La retórica no pertenece a un
género fijo, sino que su utilidad reside en identificar aquello que es apto
para persuadir en cada situación, de manera análoga a otras artes.
López (2018) señala que, según la
concepción platónica, la dialéctica es el arte de las definiciones y de las
demostraciones empleadas en las ciencias particulares. Para Aristóteles, la
retórica está controlada por la dialéctica, sometida al criterio de verdad y al
análisis racional. No hay contradicción entre la retórica y la dialéctica, pues
las dos son la misma cosa, la dialéctica es retórica y la retórica es
dialéctica, se complementan. La dialéctica se aplica a la construcción de
argumentos persuasivos y la retórica es, a su vez una forma dialéctica aplicada
a contextos éticos y políticos donde la persuasión tiene un papel central.
Aristóteles reconoce que en el
discurso retórico las estrategias persuasivas no surgen únicamente de
argumentos, sino también, de recursos éticos y psicológicos como lo había
demostrado Platón. Las estrategias éticas se basan en el carácter del orador,
mientras que las psicológicas, se apoyan en la emotividad del oyente. Además,
Aristóteles enfatiza que en el proceso persuasivo el oyente tiene la última
palabra, pasando a ser juez del argumento. Por ello, es fundamental estudiar la
psicología y las emociones del auditorio.
Risco (2015) sostiene que, con
Aristóteles, la retórica alcanza un periodo de madurez. El autor destaca que
Aristóteles establece una distinción fundamental entre persuadir y convencer entendida esta última
parte como la apelación a la emocionalidad del auditor y la apelación de la
racionalidad del mismo.
Diversos autores como Gómez
(2005), y Perelman y Olbrech (1989) concuerdan en que el aporte de Aristóteles
fue establecer la distinción de tres tipos principales de discursos
argumentativos, deliberativo (discurso político), demostrativo (discurso con
contenido ensalzador) y el judicial (discursos pronunciados ante el juez),
siendo este último particularmente relevante para las necesidades de la época.
Asimismo, estos autores consideran que Aristóteles realizó otras aportaciones
mediante el análisis y la profundización, respecto del género judicial. Reygadas y Haidar
(2001), Perelman y Olbrechs-tyteca (1989) coinciden en que Aristóteles es el pionero en la
propuesta de una concepción sistemática del texto argumentativo.
El texto argumentativo en la Edad Media
Gómez (2005) señala que, tras de
Aristóteles, la retórica perdió su función social y carácter aplicado. Durante
este periodo se evidenció la enseñanza de la retórica, cuyo contenido
correspondía a la enumeración de preceptos para mostrar ciertas habilidades
comunicativas. Desarrolló la retórica escolar, centrado en la enseñanza, es
decir como elemento de la formación de los ciudadanos. Se centró en el ornato y
la elocuencia para divulgar la verdad cristiana.
El texto argumentativo del Renacimiento
Gómez (2005) señala que, en un
principio, durante el Renacimiento se produce una revalorización de la
retórica, pues se la considera como disciplina que, en cierta medida, había
dado forma, dispuesto los contenidos y embellecido los textos que los
humanistas tanto admiraban e intentaban imitar.
Sin embargo, en esta etapa también se presentó dificultades. Una de
ellas fue la fuerte relación entre la retórica y la gramática, herencia clara
de los teóricos medievales. En cuanto a su vínculo con la dialéctica, los
profesores no dejaron ganar terreno, intentando reducir la retórica a un papel
similar al tuvo en la edad media.
En el renacimiento se produjo una
revalorización de la retórica y se consolidaron tres géneros retóricos
principales: la carta epistolar, que iba dirigida a los cancilleres y
secretarios, el discurso individual, usado en ceremonias y posesión de líderes
eclesiásticos y el sermón, de modo que la oratoria sagrada y la profana
terminaron por influirse nuevamente. Asimismo, surgió una nueva modalidad de
enseñanza y la práctica de la retórica, cuyas repercusiones se proyectarían en
los siglos posteriores.
Entre los rasgos más
sobresalientes de este periodo se encuentra que, aunque se buscaba imitar a los
clásicos, la retórica renacentista no se desarrolló estrictamente en los mismos
ámbitos que esta disciplina tuvo en sus inicios, es decir en el ámbito a la
política y el derecho. En esta etapa existe un vasto e inexplorado tesoro de
información.
La retórica y el texto argumentativo del siglo XVII
Gómez (2005) señala que, la
retórica del siglo XVII se restringió casi por completo a la parte ornamental,
alejándose la función práctica. Esta etapa se caracteriza por una ornamentación
recargada y excesiva, lo que provocó fuertes críticas por parte de los
filósofos Bacón, Descartes y Locke. El texto argumentativo estaba dirigida a la
oratoria sagrada, llena de expresiones ampulosas y artificiosas.
La retórica y el texto argumentativo siglo XVIII
Gómez (2005) señala que en este
siglo, al igual que en el anterior, continúa la tendencia a reducir la retórica
mediante la fragmentación en una serie de reglas y principios destinados a
dotarla de ornamentación. Los Jesuitas participaron activamente en la actividad
académica, aunque en un inicio lo hicieron en latín, pronto se extendió su
enseñanza a las lenguas vernáculas. Cabe desatacar que la retórica experimentó
una profunda decadencia, al punto de ser suprimida del programa educativo en
algunos países como ocurrió en Francia.
La retórica y el texto argumentativo en el siglo XIX
Gómez (2005) señala que la
evolución de la retórica es bastante similar a los siglos anteriores,
especialmente al siglo XVIII. No obstante, se rechaza el empleo rígido de las
reglas, danto lugar a la imaginación y a la subjetividad, como fundamentos para
el desarrollo del ornato.
En lo que respecta a su enseñanza
predomina la memorización. La retórica es asumida como una disciplina
estrechamente vinculada a la literatura y cuya finalidad se limita al
embellecimiento del discurso. Asimismo, al igual que en el siglo anterior en
algunos lugares fue abolida de los planes académicos. También proliferan las
publicaciones de los manuales mediante la palabra escrita, lo que permitió que
llegaran a regiones más alejadas. Sin embargo, estas obras, por lo general, no
guardaban correspondencia entre el título y el contenido, por lo que generó
fuertes críticas.
Frente a este panorama comienzan
a surgir voces que reclamaron el retorno de la retórica de sus orígenes, con el
fin de recuperar su funcionalidad y su carácter pragmático. Estas voces no
fueron escuchadas y, finalmente, quedaron en el olvido.
Perelman y Olbrecht5-tyteca (1989) afirma que, en la Edad
Moderna, la dialéctica y la retórica de orientación aristotélica fueron
marginadas debido a la fuerte incidencia del racionalismo hegemónico.
La recuperación del texto argumentativo en el siglo XX
Tras largos siglos de
autolimitación injustificada de esta disciplina. La nueva retórica retorna a
los orígenes aristotélicos. En 1958 Perelman y Olbrechts-Tyteca publicaron La Nueva
Retórica que se inspira en el razonamiento dialéctico desarrollado por
Aristóteles en la Retórica. Sostienen que existe un amplio campo de
razonamientos y argumentaciones no sometidos a los criterios de la lógica
formal, se trata de un modelo de argumentación apropiado para las ciencias no
demostrativas. León (2001) señala que esta nueva retórica, también llamada
teoría de la argumentación, constituye una valiosa teoría del discurso argumentativo,
pues estudia aspectos como las premisas de la argumentación, las técnicas
argumentativas, la interacción y el orden de los argumentos. A este primer
acercamiento para el desarrollo de la argumentación moderna por parte de estos
teóricos, se denominó primera ola. Luego aparece una segunda ola de estudiosos
que después de Perelman, han continuado ampliando su labor y han propuesto
otros aspectos relevantes para el estudio del texto argumentativo, que incluye
las nuevas evaluaciones.
Según el Reygadas y Haidar
(2001), Toulim (1958) introdujo un esquema dialéctico universal para analizar
los argumentos en función de su contexto disciplinar. Publicó su obra El uso de la argumentación en la que consolida un nuevo paradigma conceptual
sobre la argumentación y el razonamiento del siglo XX. Sostuvo que la
argumentación es inherente a la racionalidad humana y un rasgo característico
de la interacción ya que les permite defender una tesis ante objeciones y
evaluar críticamente la fuerza de los argumentos.
Debe recordarse también que
Toulmin tomó como punto de partida el análisis y la crítica de Aristóteles,
quien consideraba que cualquier tipo de razonamiento que se pretenda demostrar
u ofrecer pruebas de una tesis, debía sustentarse en fundamentos apropiados. El
modelo Toulmin permite comprender el procedimiento discursivo mediante el cual
el orador ofrece una fundamentación para justificar una tesis y solicita el
asentimiento de un interlocutor que puede aceptarla o ponerla en duda. Para
ello, propone un esquema argumentativo básico compuesto por tres elementos
mínimos: los datos que conducen a una conclusión y la garantía que legitima esa
conclusión.
Más tarde Hamblin (1970)
reformuló la teoría de las falacias con un enfoque dialéctico. Su estudio
constituye una de las contribuciones más importantes en la teoría de la
argumentación, pues concibe la falacia como un argumento no válido dentro de un
intercambio dialógico. Aristóteles ya había abordado el uso práctico del
enfoque dialéctico y distinguido la retórica legítima del uso sofistico. Así
también Hamblin retoma la huella aristotélica al clasificar y evaluar las
falacias según sus tipos, revisa el concepto de argumento y sus distintos
enfoques, justificando su propuesta a partir de tres problemas fundamentales:
la detección de la falacia, los argumentos inductivos y los argumentos de
autoridad.
Vega (2017) menciona que
Perelman, Toulmin y Hamblin, aunque autores distintos e independientes,
comparten ciertos puntos comunes en su formación y orientación, especialmente
en su énfasis en la práctica de la argumentación. Las teorías de la primera y
segunda ola difieren entre sí, y los tres autores nunca se referencian de unos
a otros.
De manera paralela, académicos
como Naess, Crawshay y Wiliam, y Johnstone (1968) desarrollaron enfoques
lógico-dialécticos. Estos estudiosos crearon métodos para analizar la
estructura y eficacia de los argumentos, integrando elementos de la lógica
formal con el estudio de la interacción argumentativa. La relevancia de esta
segunda ola radica en que, a partir de las teorías de la primera ola, se
consolidaron nuevas concepciones del silogismo y las falacias, de modelos de
análisis argumentativo y del interés por los argumentos naturales, así como las
nuevas aproximaciones a la lógica, la retórica y la dialéctica.
En las últimas décadas también
han surgido nuevas contribuciones que han enriquecido la teoría moderna de la
argumentación. Esta etapa se caracteriza por nuevos enfoques hacia la retórica
y a la dialéctica, con profundas reflexiones en áreas como la filosofía y el
lenguaje ordinario, subrayando la importancia en diferentes formas del discurso
y la comunicación. Entre los pensadores se encuentran Cascio (1991), Habermas
(1981), Michel Meyer (1986) entre otros.
En conclusión, las tres
etapas: primera ola, segunda ola y la etapa contemporánea, muestran una
evolución coherente hacia una teoría de la argumentación que reconoce tanto sus
raíces clásicas como su pertinencia en los contextos modernos. El texto
argumentativo emerge, así como un campo interdisciplinario que integra la
tradición aristotélica con desarrollos modernos en lógica, retórica, filosofía
del lenguaje y ciencias sociales, configurando un marco teórico robusto para el
análisis del discurso y la racionalidad práctica.
El texto argumentativo en el del siglo XXI: entornos digitales y educación
En el siglo XXI, la aparición y
masificación del internet, junto con el uso intensivo de plataformas digitales
como redes sociales, han transformado las formas de argumentar, privilegiando
la brevedad, la emotividad y la inmediatez.
En este sentido, la producción de textos argumentativos ya no se limita
a formatos orales, ni a los textos escritos en soportes impresos, sino que se
extiende a una diversidad de entornos digitales caracterizados por la
convergencia de recursos lingüísticos, visuales y auditivos. Formatos como
memes, videos, pódcast, hilos e infografías, las redes sociales que de una u
otra manera circulan y receptan los argumentos en la esfera pública digital.
Es así que, el texto
argumentativo se ha expandido hacia otras plataformas digitales que promueven
nuevas formas de participación social, permitiendo la expresión, defensa y
confrontación de puntos de vista. Sin embargo, estos espacios no son neutrales,
tampoco son abiertos, debido a las restricciones técnicas que limitan a
reducidos y prima lo visual, limitando así las posibilidades discursivas de los
usuarios. Tales limitaciones inciden en la profundidad y estructura de los
argumentos, así como en las estrategias utilizadas para sostener una tesis.
Se ha señalado multiplicidad de
formatos digitales que plantean desafíos para el texto argumentativo. Enrique
(2016) así como Cruz y Villadiego (2024) advierten que las redes sociales como el twitter
(actualmente X), el espacio para la expresión de opiniones se encuentra
severamente limitado 140 caracteres, lo que limita al desarrollo de
razonamientos complejos y la diferenciación sistemática entre argumentos a
favor y en contra, por lo que los usuarios deben recurrir a estrategias de condensación
discursiva mediante recursos multimodales como imágenes, videos, gestos y
gráficos, para construir una posición argumentada. Ante estos nuevos cambios de
formato para el texto argumentativo escrito, resulta necesario incorporar nuevos
enfoques teóricos y metodológicos adecuados a los entornos digitales de manera
paulatina. Este proceso exige no solo la adaptación de los textos
argumentativos clásicos, sino también el reconocimiento de la comunicación
digital, tomando en cuenta que la era digital no es un fenómeno transitorio.
En el ámbito educativo,
investigaciones recientes en el contexto ecuatoriano refuerzan esta
perspectiva. Vilema, Grados, Pallo y Almeida (2025) evidencian que la
implementación del recurso digital eXelearning impacta de manera significativa
en el desarrollo de habilidades argumentativas, lo que alinea con la necesidad
de innovar los procesos de enseñanza para fortalecer la comunicación crítica
reflexiva de los estudiantes. Flores, Solís y Escobar (2025) y López, Chávez,
Paredes y Constante (2026) mencionan que, en el ámbito académico ha cobrado
especial relevancia que los estudiantes sepan construir textos argumentativos y
participen en prácticas dialógicas, A partir de una investigación realizada,
concluyen que el uso de herramientas como la inteligencia artificial,
contribuyen a la búsqueda de información, a la organización y la corrección de
textos. Lo cual fortalece el proceso de escritura de textos argumentativos. En
cambio, Fredrick, Corbin y Vander (2005) sostienen en base a investigaciones
realizadas que ChatGpt ayuda a generar textos argumentativos con datos muy
generales y en su mayoría de veces falsos. Lo que sesga el conocimiento y
genera dependencia. Esto contribuye a la reducción del pensamiento crítico por
parte de los estudiantes.
Flores, Solís y Escobar
(2025), así como Díaz, Sánchez, Tomalá y Arias (2025) advierten que la
enseñanza de la argumentación enfrenta grandes desafíos, ya que el uso autónomo
de la inteligencia artificial, no es viable, especialmente en estudiantes del
nivel básico, por lo que su implementación debe ser guiada por el docente. En
este sentido, consideran necesario que los docentes y estudiantes deben estar o
ser capacitados y acompañados en el uso de estas herramientas, con el fin de
explorar tanto las limitaciones como las oportunidades que ofrece esta
herramienta. Esto se debe a que muchos jóvenes desconocen su funcionamiento o
las utilizan de manera errónea.
Asimismo, Díaz, Sánchez,
Tomalá y Arias (2025) advierten que la influencia de las tecnologías digitales
en los hábitos comunicativos de los jóvenes hace necesario no solo recuperar el
valor del lenguaje académico, sino articularlo con los lenguajes digitales que
forman parte del entorno comunicativo de los estudiantes.
Por otro lado, Caro y Amo
Sánchez (2023) y Pascoal
(2024) señalan que, el texto argumentativo desde la perspectiva multimodalidad
implica promover a los estudiantes de competencias para comprender y producir
discursos en diversos géneros digitales, publicitarios y académicos. Estos
discursos integran múltiples modos semióticos, como imágenes, sonidos y gestos
que contribuyen al fortalecimiento de habilidades argumentativas y
comunicativas más completas y contextualizadas. En este sentido, dicha
perspectiva supone trascender los modelos tradicionales de escritura de textos
argumentativos y adoptar nuevos paradigmas en su enseñanza, de modo que
fomenten la interacción y la mediación entre los distintos canales
comunicativos.
El texto argumentativo en el
siglo XXI, se ha transformado profundamente en relación con décadas anteriores,
debido a la expansión de los entornos digitales y uso intensivo de las
plataformas digitales, que ha redefinido las formas de producir, circular y
receptar textos argumentativos escritos. La convergencia de los recursos
multimodales, las restricciones técnicas de los espacios han favorecido a la
brevedad y a la expresión visual, al tiempo que han limitado el desarrollo de
argumentos complejos. Lo que plantea desafíos, pero también se abre nuevas
posibilidades para la elaboración de textos argumentativos escritos.
Frente a estos retos y
desafíos de adaptación del texto argumentativo en su multimodalidad en los
entornos digitales, es necesario incorporar nuevos enfoques teóricos y metodológicos
que reconozcan la especificidad de la comunicación digital, superando las
formas tradicionales de la argumentación. En el ámbito educativo es necesario
reconocer la importancia de la mediación y el acompañamiento por parte del
docente, valorando las potencialidades de los recursos digitales y de la
inteligencia artificial para fortalecer las habilidades intelectuales y
construir textos argumentativos que fomenten la interacción y la mediación
entre los distintos canales comunicativos, como el visual, auditivo,
audiovisual y digital.
A partir del recorrido
histórico presentado, se sostiene que la evolución del texto argumentativo no
ha sido lineal, sino marcado de desplazamientos epistemológicos que responden a
transformaciones sociales, culturales y tecnológicas. En este sentido se puede
identificar cuatro grandes giros teóricos: Su nacimiento como práctica social
situada, su posterior reducción ornamental, su reconfiguración y sus nuevas
prácticas discursivas en los entornos digitales.
En el período prearistotélico
se evidencia que texto argumentativo surge como en una práctica social,
vinculada al ejercicio democrático y a la defensa de la propiedad privada en la
Grecia clásica. Los aportes de Córax y Tisias, muestran que el texto
argumentativo nace en contextos de disputa como un medio para la defensa de
derechos, la deliberación y la persuasión de la audiencia, sentando así las
bases de los principios fundamentales de la dialéctica, la contrargumentación y
la organización estructurada del discurso. Si bien es cierto que el texto
argumentativo nace en el campo jurídico, rápidamente se extiende a otras áreas
del conocimiento, como la filosofía, la
lingüística y la literatura, entre otros.
Con Aristóteles la retórica se
apoya en los planteamientos de sus predecesores Córax y Tisias, aunque
introduce una sistematización teórica decisiva. En este periodo la retórica se
aleja del mero ornato lingüístico y se orienta fundamentalmente hacia la
persuasión, en función de las necesidades sociales del momento y del contexto histórico. Su carácter social se
manifiesta en la centralidad del auditorio, concebido como un elemento clave
para influir en decisiones colectivas. La retórica se presenta, así como un
ejercicio cívico que presupone pluralidad, controversia y participación. En
este marco Aristóteles subraya la importancia de evaluar la adecuación de los
argumentos en función de cada situación particular y destaca el papel del
oyente como el juez último del discurso. Asimismo, establece la conocida
distinción entre tres tipos de discursos argumentativos: deliberativos,
judicial y apidíctico.
En la Edad media la retórica
va perdiendo progresivamente su función social y su carácter práctico en
relación al modelo aristotélico. El desplazamiento de la retórica desde los
espacios públicos hacia las instituciones eclesiásticas y académicas dio lugar
a una profunda transformación: ya no se trataba de persuadir a ciudadanos
libres en contextos de incertidumbre sino transmitir, explicar y justificar
verdades reveladas. El texto argumentativo no desaparece, sino que se
reconfigura acorde a un nuevo orden social y epistemológico, caracterizándose,
en muchos casos, por un uso excesivo de figuras retóricas y una orientación más
doctrinal y deliberativa.
Durante el renacimiento y los
siglos XVII, XVIII, buscó imitar a los modelos clásicos; no obstante, los
sermones terminaron fuertemente influenciados por la oratoria profana. En este
periodo el texto argumentativo volvió adquirir el protagonismo, aunque
fuertemente cargado de una ornamentación excesiva, lo que reforzó su
inclinación a la oratoria sagrada y estilística más que hacia la deliberación
racional.
En el siglo XIX, la evolución
del texto argumentativo, mantiene ciertas continuidades de los siglos
anteriores, aunque se consolida una concepción retórica estrechamente vinculada
a la literatura y orientada principalmente al embellecimiento del discurso. No
obstante, es en este momento histórico donde empiezan a surgir voces críticas
que reclaman la retórica en su sentido original con el objetivo de restituir su
funcionalidad social y su carácter pragmático.
El texto argumentativo en el
siglo XX, marca un punto de retorno a sus orígenes, después de varios siglos.
Se reconoce su finalidad persuasiva y su función social. En este contexto
emerge la obra de Chaim Perelman y Olbrechts Tyteca, La Nueva Retórica, en la
que se evidencia una clara recuperación y resignificación de la herencia
aristotélica, reformulada desde la centralidad del auditorio. El texto
argumentativo es concebido como una práctica social destinada a obtener la
adhesión de sujetos situados histórica y culturalmente.
El desarrollo teórico
impulsado por Perelman y sus colaboradores puede organizarse en tres etapas:
primera ola, segunda ola y la etapa contemporánea, las cuales muestran una
evolución coherente hacia una teoría de la argumentación que articula sus
raíces clásicas como su pertinencia en los contextos modernos. De este modo, el
texto argumentativo se consolida como un campo interdisciplinario que integra
aportes de la lógica, la retórica, la filosofía del lenguaje y las ciencias
sociales, configurando un marco teórico sólido para el análisis del discurso y
la racionalidad práctica.
En el siglo XXI, la irrupción
de los entornos digitales ha generado una transformación significativa en el
texto argumentativo, esto está impulsado por la expansión del internet y la
consolidación de las plataformas digitales. El texto argumentativo ha dejado de
suscribirse en formatos tradicionales como el papel y la oralidad presencial,
para desplegarse en entornos digitales caracterizados por la multimodalidad, la
brevedad e inmediatez.
En el ámbito educativo las
nuevas prácticas multimodales y digitales, junto con la inteligencia artificial
(IA) y redes sociales plantean importantes desafíos para el docente. En este
contexto su rol es fundamental, ya que debe actuar como mediador crítico y
orientador de la producción discursiva. Esto implica promover un uso ético y
responsable de herramientas digitales, así como fomentar el desarrollo de una
argumentación que recupere su función social, crítica y contextualizada,
principio esencial sobre el cual se sustenta el texto argumentativo. Este
análisis muestra que el texto argumentativo, no ha desaparecido, sino que ha
reconfigurado según los contextos epistemológicos y tecnológicos. La función
social original que es persuadir a una audiencia para la toma de decisiones, se
mantiene, pero ahora debe integrar la multimodalidad y la inmediatez digital.
En el campo educativo exige la mediación docente crítica que promueva el uso
ético de la IA y el desarrollo de las competencias multimodales.
Conclusiones
El estudio realizado permite concluir que el texto argumentativo surge en
la práctica social vinculada a la deliberación democrática en la Grecia clásica
y se consolida desde sus orígenes como un instrumento de persuasión racional
orientado a un auditorio. Los aportes de Aristóteles representan un hito
decisivo en la historia de la argumentación, ya que se concibe este autor como
una práctica orientada a la persuasión en contextos sociales específicos. Sentó
las bases para una concepción pragmática que luego influyó en el desarrollo
posterior de la teoría argumentativa. La evolución del texto argumentativo no
ha sido lineal, sino marcada por periodos del desplazamiento y reconfiguración,
que lejos de suprimirla, evidencian la capacidad de adaptación a nuevos marcos
epistemológicos y culturales. En el siglo XX, la recuperación de la dimensión
social y persuasiva de la argumentación, particularmente a partir de los
aportes de Perelman y Olbrechts-Tyteca reafirma el papel central del auditorio
y consolida la argumentación como un campo interdisciplinario, relevante para
para el análisis del discurso y la racionalidad práctica. En el siglo XXI,
caracterizado por la expansión de los entornos digitales y las tecnologías
emergentes, las prácticas argumentativas han experimentado una reconfiguración,
particularmente en el ámbito educativo; lo que conlleva a redefinir el texto
argumentativo como un acto comunicativo complejo, que puede ser oral o escrito,
que articula una tesis, argumentos y contrargumentos, e integra la
multimodalidad, el pensamiento crítico y su función social. En consecuencia, se
vuelve imprescindible reorientar las prácticas pedagógicas hacia enfoques
integradores que articulen las dimensiones lingüísticas, tecnológicas y
sociales en los procesos de enseñanza aprendizaje. En este sentido el docente
asume un rol fundamental como mediador crítico y orientador de la producción
discursiva, promoviendo un uso ético y responsable de herramientas digitales,
el desarrollo de una alfabetización multimodal, crítica y contextualizada, que
permita a los estudiantes desenvolverse de manera autónoma y consciente en la
cultura digital contemporánea.
Limitaciones
del estudio: Esta revisión no incluye un análisis empírico de prácticas de aula
ni evaluaciones de intervenciones educativas. Asimismo, la rápida evolución
tecnológica puede desactualizar algunas referencias sobre la IA.
Líneas
futuras: Se propone diseñar unas secuencias didácticas que integren la
argumentación multimodal en educación secundaria y bachillerato; (b) investigar
el impacto del uso guiado de ChatGPT y otras IA en la calidad argumentativa de
los estudiantes; (c) estudiar las estrategias de contraargumentación en
entornos de redes sociales con limitación de caracteres.
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Contribución de los autores
Conceptualización: Miryam Catalina
Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Análisis formal: Miryam Catalina
Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Investigación: Miryam Catalina
Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Metodología: Miryam Catalina Arias
Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Administración del proyecto: Miryam
Catalina Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Supervisión: Miryam Catalina Arias
Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Validación: Miryam Catalina Arias
Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Visualización: Miryam Catalina Arias
Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Redacción borrador original: Miryam
Catalina Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Redacción revisión y edición: Miryam
Catalina Arias Mollocana, Isabel León Martínez, Lisle Padrón Echeverria
Declaración de originalidad y conflictos de interés
El/los autor/es declara/n que el artículo: De la retórica clásica al texto argumentativo
digital, desde el ámbito educativo
Que
el artículo es inédito, derivado de investigaciones y no está postulando para
su publicación en ninguna otra revista simultáneamente.
A
continuación, presento los nombres y firmas de los autores, que certifican la
aprobación y conformidad con el artículo enviado.
Autores
Miryam
Catalina Arias Mollocana 1*
Isabel
León Martínez 2,
Lisle
Padrón Echeverria 3
Revista Científica Pedagógica “Horizonte Pedagógico”. Vol. 15. Artículo de revisión bibliográfica |